El home office, que durante la pandemia se consolidó como una alternativa laboral flexible, hoy revela una cara menos visible: para muchas mujeres, trabajar desde casa se ha convertido en una jornada extendida sin pausas, marcada por la expectativa de estar disponibles las 24 horas.
Lejos de significar un equilibrio entre vida personal y profesional, el trabajo remoto ha intensificado la carga doméstica y emocional, provocando en numerosos casos un desgaste físico y mental conocido como burnout.

¿Por qué el home office aumenta la carga para las mujeres?
La permanencia en el hogar durante la jornada laboral ha reforzado roles tradicionales. Estar físicamente en casa genera la expectativa de que las mujeres deben atender simultáneamente tareas domésticas, el cuidado de hijos o familiares y sus responsabilidades profesionales.
Para la psicóloga Cristina Hernández, este fenómeno evidencia una desigualdad persistente: la equidad ha avanzado en espacios laborales, pero no dentro del hogar. Mientras los hombres históricamente han contado con espacios definidos para trabajar, muchas mujeres enfrentan la disyuntiva constante entre sus necesidades personales y las demandas familiares.
¿Qué es el burnout y cómo se manifiesta?
El burnout es un síndrome de agotamiento físico y mental que no se resuelve únicamente con descanso. Surge cuando no existe una desconexión real entre el trabajo y la vida personal.
De acuerdo con un estudio de la plataforma OCC, sus principales efectos son:
Físicos:
Cansancio constante
Dolores de cabeza y musculares
Problemas gastrointestinales
Cambios de peso
Psicológicos:
Ansiedad e irritabilidad
Insomnio
Depresión
Falta de motivación
¿Qué dicen las cifras en México?
Según la Organización Mundial de la Salud, México encabeza los niveles de burnout laboral a nivel mundial, con un 75% de trabajadores que reportan padecerlo. En el caso de las mujeres, la cifra aumenta a ocho de cada diez, superando a países como China y Estados Unidos.
¿Cómo impacta en la vida diaria?

Casos como el de María Liliana, asesora en el Poder Judicial federal, reflejan la realidad de miles de mujeres. Su jornada no termina al cerrar la computadora: continúa con el cuidado de su hijo, la atención de su madre enferma y las tareas domésticas.
Esta doble o triple carga dificulta establecer límites claros, generando una sensación constante de culpa al intentar priorizar el trabajo o la familia.
¿Qué señales alertan sobre el agotamiento?
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Especialistas advierten que algunas señales de alarma incluyen:
Falta de horarios definidos para comer o descansar
Irritabilidad constante
Pérdida del espacio personal
Incapacidad para desconectarse
Estas condiciones suelen normalizarse, lo que retrasa la atención del problema.
¿Qué se puede hacer para prevenirlo?
Expertos recomiendan:
Establecer límites claros entre trabajo y vida personal
Delegar responsabilidades en el hogar
Priorizar el descanso y el autocuidado
Buscar apoyo profesional
Ajustar expectativas personales
También hacen un llamado a empresas, escuelas y familias a evitar fomentar la disponibilidad permanente y promover una corresponsabilidad real en las tareas del hogar.
Un problema estructural que exige cambios
El burnout en mujeres no es solo un tema individual, sino social. Refleja una desigualdad arraigada que exige replantear roles, dinámicas familiares y exigencias laborales.
Reconocer que el valor de una mujer no está en cuánto resuelve o cuánto se sacrifica es un paso clave hacia un modelo más equitativo, donde el bienestar no sea el costo invisible del trabajo desde casa.

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