Con entusiasmo y un aire de reflexión, el Museo de Arte Moderno (MAM) volvió a congregar a la comunidad cultural con la presentación del catálogo Brutalismo arquitectónico en México, una publicación que da continuidad a la exitosa exposición del mismo nombre, vista por más de 100 mil personas entre 2023 y 2024. El evento, celebrado el pasado 12 de junio, reafirma el creciente interés del público por la arquitectura como arte y como espejo de la sociedad.
Editado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), en colaboración con la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey, el catálogo reúne textos de especialistas como Axel Arañó, Juan Carlos Cano y Pablo Landa, quienes abordan con profundidad la historia, las controversias y la vigencia del brutalismo en el país.
Durante la presentación, se llevó a cabo una animada mesa de diálogo con voces destacadas de la arquitectura nacional. Dolores Martínez Orralde, subdirectora general de Patrimonio Artístico Inmueble del INBAL, moderó el encuentro en el que participaron el curador Axel Arañó; la directora del MAM, Natalia Pollak; la académica Claudia Klemann; y los reconocidos arquitectos Felipe Leal y Francisco Serrano.


Brutalismo: Una corriente con historia y futuro
“El Brutalismo nos obliga a mirar la arquitectura con honestidad, sin adornos, sin distracciones”, expresó Natalia Pollak, quien subrayó el papel del MAM en abrir debates necesarios y dar espacio a expresiones arquitectónicas con resonancia histórica y contemporánea.
Axel Arañó, curador de la exposición y autor de uno de los ensayos, celebró el impacto del proyecto: “La enorme respuesta del público confirma que la arquitectura interesa y conmueve. Es tiempo de hablar del Brutalismo como un fenómeno mexicano, con identidad y legado”.

El catálogo recorre la obra de 77 arquitectos y despachos en 12 estados del país, con una mirada crítica y cronológica. Juan Carlos Cano explora la apropiación global del brutalismo y su evolución en México, mientras que Pablo Landa ofrece un análisis ideológico y formal que lo vincula con el contexto social de cada época.
Además, se incluye una detallada cronología que entrelaza los desarrollos arquitectónicos con hechos clave nacionales e internacionales.
En palabras del arquitecto Felipe Leal, “el Brutalismo es contundente, provocador. Su fuerza expresiva radica en su crudeza y claridad. Esta exposición tuvo la valentía de plantear una narrativa, de generar polémica. Y eso es fundamental para avanzar”.
Dolores Martínez también destacó el papel de la arquitectura en los cambios sociales: “Tras la pandemia, debemos repensar nuestros espacios y nuestras formas de habitarlos. Este tipo de publicaciones propicia justamente ese tipo de discusión”.
Francisco Serrano rememoró los orígenes europeos del movimiento y su evolución latinoamericana: “Más allá de estilos, lo que importa es hacer buena arquitectura. El Brutalismo representa una ética del material, una vocación del concreto que no necesita adornos”.


La colaboración con el Tec de Monterrey dio solidez al proyecto editorial. Claudia Klemann señaló que este trabajo es parte de una estrategia de largo aliento para vincular la academia con las expresiones culturales contemporáneas: “Que la exposición se haya transformado en un libro le da permanencia y alcance. El Brutalismo, lejos de ser pasado, sigue siendo una plataforma para pensar el presente”.
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Entre los ejemplos que recoge el catálogo, destaca el icónico edificio CETEC de Monterrey, conocido como “el Servilletero”, una pieza que encarna el diálogo entre la arquitectura brutalista y el paisaje urbano del norte del país.
Con esta publicación, el Museo de Arte Moderno reitera su compromiso con la difusión del pensamiento crítico en torno al patrimonio moderno y contemporáneo, y celebra una corriente arquitectónica que, entre luces y sombras, sigue siendo motivo de inspiración, análisis y emoción.
La arquitectura brutalista, con su contundencia y claridad, se alza como testimonio de una época y como provocación vigente para nuevas generaciones de arquitectos, artistas y públicos. ¡Larga vida al concreto con alma!

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