China ha demostrado a México una estrategia efectiva para hacer frente a la presión comercial de Estados Unidos sin ceder ante las amenazas de aranceles.
En lugar de buscar acuerdos unilaterales, Beijing apostó por una negociación basada en la afectación directa de intereses clave estadounidenses, particularmente la exportación de minerales estratégicos que Washington no puede sustituir fácilmente. Este enfoque permitió aplazar e incluso reducir aranceles a productos chinos, incluyendo una tregua de 90 días que evitó nuevas medidas más severas.
Este modelo ha sido interpretado como una lección para México, que enfrenta la imposición inevitable de aranceles del 30 % a exportaciones fuera del T‑MEC.
Durante negociaciones que involucran a Marcelo Ebrard y la cancillería mexicana, la comparación con el caso chino se ha utilizado para destacar la importancia de negociar desde una posición de fuerza o reserva, no de sumisión.
Aunque el T‑MEC sigue protegiendo cerca del 84 % de las exportaciones mexicanas de aranceles, el comercio con sectores como automotriz, acero o jitomate sigue vulnerable.
Según analistas, México deberá aplicar una estrategia similar a la de China: respaldar su diálogo con acciones concretas que comprometan intereses estadounidenses en el corto plazo, o arriesgarse a ceder frente al chantaje arancelario.

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