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Crimen y empacadoras se reparten el limón en Michoacán

En la región de Tierra Caliente, los productores de limón enfrentan una realidad alarmante: las ganancias por la venta del cítrico se reparten entre el crimen organizado y las empacadoras. En Antúnez, localidad perteneciente al municipio de Parácuaro, los agricultores reciben apenas una mínima parte del valor del producto que cultivan.

Un productor que pidió el anonimato relató que actualmente el kilo de limón se paga en cinco pesos, cantidad que se divide en tres partes iguales: una para las empacadoras, otra para el crimen organizado y la última para los productores.

“De esos cinco pesos, nos toca menos de dos. El cobro que hace el crimen es solo por dejarnos cortar el limón y llevarlo a una empacadora. Ellos tienen sus reglas; a cierta hora ya no podemos sacar el producto porque tienen todo vigilado”, confesó.

La presencia del crimen organizado en el control del limón se extiende por toda la región. Cada grupo delictivo domina una franja territorial y prohíbe a los productores vender su fruto en otras zonas. Quienes intentan trasladar su producto fuera del área asignada son despojados de todo.

“Solo un grupo criminal puede acaparar la venta en una zona. No puedo llevar mi limón a otro municipio que no sea el mío, así está dividido el territorio”, explicó el agricultor.

Los delincuentes mantienen diversos puntos de control para impedir el traslado libre del cítrico, siendo el más importante la glorieta de Cuatro Caminos, donde confluyen rutas hacia Apatzingán, Nueva Italia, Arteaga y La Huacana.

Además, los productores aseguran que, tras repartir las ganancias, deben cubrir los costos de mano de obra y de fertilizantes, cuyos precios se han incrementado, reduciendo aún más su margen de utilidad.

“De lo poco que nos queda, todavía hay que pagar a los cortadores y los fertilizantes, que están muy caros”, detalló.

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El agricultor agregó que cada vez menos personas están dispuestas a trabajar en el campo, ya que muchos jóvenes son reclutados por los grupos criminales.

“Ya nadie quiere cortar limón. Muchos trabajan para el crimen porque ganan dinero fácil. El trabajo del campo es pesado: el sol, las espinas y el calor de hasta 40 grados desaniman a cualquiera”, lamentó.

El entrevistado advirtió que, tras el asesinato del líder limonero Bernardo Bravo, podrían surgir protestas en Apatzingán, lo que provocaría un incremento desmedido en el precio del limón.

“Si los productores deciden no sacar el fruto, el precio podría subir de cinco a sesenta pesos por kilo, como ha pasado en años de escasez”, estimó.

La situación refleja cómo la violencia y el control criminal continúan asfixiando al campo michoacano, donde el esfuerzo de los productores queda reducido a migajas bajo la sombra del crimen organizado.

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