Quintana Roo: la oportunidad de un proyecto que nos incluya a todos
Por Fernando Castro Borges
El reloj avanza sin tregua y, el próximo año las urnas vuelvan a ocupar el centro del debate público en Quintana Roo, la pregunta fundamental no debería limitarse a quiénes aparecerán en las boletas, sino a qué proyecto colectivo somos capaces de construir.
La gran oportunidad está en reconocer que Quintana Roo no es una sociedad homogénea. Es un mosaico de identidades, historias y vocaciones. Están los pueblos mayas del centro, depositarios de una profunda raíz histórica y cultural; la burocracia y las comunidades del sur, particularmente de Chetumal, con una identidad fronteriza, caribeña y una importante influencia garífuna; las familias con fuertes raíces yucatecas y campechanas; y también los miles de migrantes del centro del país y extranjeros que han encontrado en el norte una oportunidad económica y un nuevo hogar.
Lejos de entender esta diversidad como una dificultad, el reto político y social consiste en convertirla en fortaleza. Quintana Roo necesita un proyecto aglutinador, una oferta en la que todos quepan y puedan reconocerse. Sumar, antes que dividir; convocar, antes que señalar; construir coincidencias, sin negar las diferencias.
En este sentido, la reflexión de Zygmunt Bauman sobre la fragilidad de las comunidades contemporáneas adquiere particular relevancia. Frente a sociedades cada vez más fragmentadas, recuperar los vínculos colectivos resulta indispensable. Y, como planteaba Jürgen Habermas, la esfera pública sólo cobra sentido cuando existe una deliberación genuina, capaz de incorporar voces distintas y transformar el diálogo en acuerdos.
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A un año de la contienda, existe una ventana de oportunidad para superar el proselitismo tradicional. Los problemas del estado —la desigualdad entre norte y sur, la seguridad, el crecimiento urbano, la preservación ambiental y la distribución de la riqueza— exigen una visión compartida.
El futuro de Quintana Roo difícilmente podrá construirse desde la exclusión o la confrontación permanente. La verdadera apuesta debe ser un proyecto comunitario en el que mayas, caribeños, yucatecos, campechanos, migrantes y extranjeros encuentren un espacio común. No se trata de borrar identidades, sino de articularlas alrededor de un propósito colectivo.
La elección que viene será importante. Pero más importante será decidir si queremos competir para dividirnos o construir para avanzar juntos.

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