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Chetumal: cuando gobernar ya no puede esperar

Por Fernando Castro Borges

Chetumal llega al horizonte electoral con una deuda que ya no puede maquillarse con bacheos, jornadas de limpieza o acciones de última hora. La capital de Quintana Roo necesita gobierno, pero sobre todo necesita visión, experiencia y eficacia. Y en esos tres terrenos, la actual administración municipal ha quedado a deber.

El deterioro urbano no es nuevo, pero tampoco puede convertirse en una excusa permanente. El clima tropical acelera el desgaste de las calles, pero no explica por sí solo los problemas de drenaje pluvial, alumbrado, recolección de basura y movilidad. El ciudadano observa que, mientras algunas acciones parecen multiplicarse cuando se acerca el calendario político, las soluciones estructurales continúan esperando.

Aquí aparece una pregunta inevitable: ¿qué ciudad se está construyendo?

Chetumal posee una condición que otras capitales envidiarían: su vocación fronteriza. Sin embargo, esa ventaja sigue sin traducirse plenamente en dinamismo económico. El Ayuntamiento no controla la política fiscal ni aduanera, pero sí puede hacer mucho para facilitar la inversión: simplificar trámites, reducir burocracia, transparentar licencias y construir condiciones para que los negocios locales se integren a nuevas cadenas comerciales.

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La frontera no necesita discursos; necesita estrategia.

También está pendiente una deuda social con los adultos mayores, muchos de ellos extrabajadores del Estado. No basta con apoyos ocasionales. Una ciudad que envejece debe ofrecer banquetas accesibles, transporte digno, espacios públicos adecuados y oportunidades de participación. La dignidad también se construye desde el urbanismo.

Jürgen Habermas planteó la importancia de una esfera pública donde los ciudadanos puedan deliberar y formar una voluntad colectiva. Chetumal necesita precisamente eso: una ciudadanía que no solamente escuche promesas, sino que compare resultados, cuestione y decida.

Porque el próximo proceso electoral no debería ser únicamente una disputa por cargos. Puede convertirse en un examen de conciencia para quienes gobiernan y para quienes votan.

El desencanto no debe conducir a la indiferencia. Al contrario: puede convertirse en exigencia.

Chetumal no necesita esperar otro ciclo de promesas. Necesita resultados. Y cuando gobernar ya no puede esperar, el ciudadano tiene en sus manos la posibilidad de cambiar el rumbo.

Fernando Castro Borges es un destacado sociólogo político y administrador con especialización en aduanas, quien combina su experiencia docente universitaria con una sólida formación académica —que incluye diplomados en capacitación de personal, estudios en administración aduanera y una maestría en educación—. Radicado en Chetumal, proyecta su labor intelectual y de comunicación a través de su programa radiofónico Desde donde inicia la patria.

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