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Desde Donde Inicia la Patria

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Cuando se apaga la luz, también se pone a prueba el Estado

Por Fernando Castro Borges

El apagón del 31 de agosto afectó a miles de personas en Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. No fue solo una pérdida de energía. Fue una señal de alerta.

Dejó una pregunta clave: ¿qué tan preparado está el Estado mexicano para proteger lo que necesita la vida diaria?

La Comisión Federal de Electricidad dijo que la falla vino por la desconexión de dos líneas de transmisión de 400 kilovoltios. Atribuyó los daños a actos de vandalismo contra los aisladores de una torre. El servicio volvió a funcionar en la madrugada del 1 de septiembre.

Si efectivamente hubo vandalismo, los responsables deben enfrentar la justicia. Pero la investigación no puede terminar ahí. También hay que saber cómo estaba la infraestructura antes del ataque. ¿Había suficiente vigilancia? ¿Se hacían revisiones periódicas? ¿Estaban bien mantenidos los equipos?

Desde Hobbes hasta Locke y Rousseau, los pensadores clásicos dicen que el Estado existe porque la sociedad le entrega poder en busca de seguridad y orden. En el mundo actual, eso incluye garantizar servicios esenciales como el agua o la electricidad.

La electricidad es uno de esos servicios vitales. La Constitución mexicana dice que el Estado debe dirigir el desarrollo nacional. Reserva a la Nación el control del sistema eléctrico. Tras la reforma energética de 2024, se reforzó el deber de mantener la seguridad energética y asegurar que siempre haya luz.

Por eso, la red eléctrica no es solo un activo de una empresa estatal. Es parte de la infraestructura estratégica del país.

La situación en la Península de Yucatán hace esta discusión aún más urgente. Esa región depende de una red que conecta varios estados. Si la falla de solo dos líneas puede causar un problema regional, entonces ya no basta con reparar lo roto. Hay que revisar toda la resiliencia del sistema.

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¿Existen rutas alternas si una línea falla? ¿Qué tan viejos son los equipos? ¿Con qué frecuencia se revisan? ¿Qué partes han sido reemplazadas? ¿Qué medidas aplican para proteger las instalaciones críticas?

No se trata de dudar de la versión oficial. Se trata de pedir pruebas.

Si fue vandalismo, debe explicarse cómo lograron acceder a una instalación tan importante. Si previamente había deterioro, se deben identificar las responsabilidades administrativas. Y si ambas cosas ocurrieron juntas, el problema sería mucho mayor.

El Estado no demuestra su eficacia solo cuando vuelve a encender la luz.Demuestra su capacidad cuando explica por qué se apagó, quién tuvo la culpa y, sobre todo, qué hará para que no vuelva a pasar.

Porque arreglar después de un desastre es una obligación. Pero prevenirlo antes, esa sí es una prueba real de un gobierno capaz.

Fernando Castro Borges es un destacado sociólogo político y administrador con especialización en aduanas, quien combina su experiencia docente universitaria con una sólida formación académica —que incluye diplomados en capacitación de personal, estudios en administración aduanera y una maestría en educación—. Radicado en Chetumal, proyecta su labor intelectual y de comunicación a través de su programa radiofónico Desde donde inicia la patria.

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