Quintana Roo no necesita más nombres, necesita un rumbo
Por Fernando Castro Borges
El desgaste es evidente. Cada anuncio sobre la Zona Libre, el puente Nichupté, el régimen fiscal, el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional de Tulum “Felipe Carrillo Puerto” o la propia gestión estatal termina sometido al cuestionamiento público. La política se ha convertido en ruido estruendoso, molesto y, frente a ello, una parte de la sociedad ha comenzado a desconfiar de los rostros y de los discursos.
Por eso, la pregunta ya no debería reducirse a ¿por quién vas a votar?, sino a una cuestión mucho más profunda: ¿qué le conviene a Quintana Roo?
El norte y el sur viven realidades distintas, y durante años la geografía ha servido más para dividir que para construir un proyecto común. Mientras continuemos pensando exclusivamente en candidatos, nombres y posiciones, seguiremos atrapados en un ciclo político que produce confrontación, pero pocas soluciones.
Ante este escenario, la responsabilidad social debe tomar la estafeta, la sociedad civil y el sector empresarial tienen la oportunidad de dejar de ser espectadores para convertirse en generadores de propuestas. No se trata de sustituir a los partidos políticos, sino de exigirles resultados y, al mismo tiempo, presentarles un proyecto de trabajo sustentado en propuestas viables.
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Quintana Roo necesita objetivos que unan a Chetumal, Cancún, Playa del Carmen y a cada uno de sus municipios: empleo, seguridad, infraestructura, conectividad, desarrollo regional y un régimen fiscal claro que permita potenciar la Zona Libre sin profundizar las diferencias entre el norte y el sur.
Eso es lo que interesa a la mayoría de las familias, no los discursos de unidad que se agotan en las campañas.
También debemos transformar el lenguaje público. Hoy prevalecen el enfrentamiento y la descalificación, sin duda las descalificaciones debilitan alos nombres y a las instituciones que confiaron en ellos para abanderar sus propuestas. Necesitamos una comunicación política que hable de soluciones, corresponsabilidad y desarrollo.
Como plantea Sartori, la democracia no se agota en las elecciones; requiere calidad en la información y en el debate público. Y desde la perspectiva del sociólogo italiano Michelangelo Bovero, la democracia también demanda ciudadanos capaces de asumir responsabilidades frente a lo público.
El reto, entonces, no es encontrar al hombre o a la mujer salvadora. Es construir, desde la sociedad, el proyecto que Quintana Roo necesita.
Porque un estado no cambia por un nombre: cambia cuando una sociedad decide hacia dónde quiere caminar.
Fernando Castro Borges es un destacado sociólogo político y administrador con especialización en aduanas, quien combina su experiencia docente universitaria con una sólida formación académica —que incluye diplomados en capacitación de personal, estudios en administración aduanera y una maestría en educación—. Radicado en Chetumal, proyecta su labor intelectual y de comunicación a través de su programa radiofónico Desde donde inicia la patria.

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