La cercanía de Ana María Lomelí con TV Azteca vuelve a generar preguntas dentro y fuera de Morena. La coordinadora de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad de México enfrenta ahora cuestionamientos por contratos otorgados a la televisora, mientras su nombre comienza a sonar con mayor fuerza en la disputa política por Coyoacán.
El asunto tiene un ingrediente que difícilmente puede pasar desapercibido: Lomelí conoce de primera mano los pasillos de la televisora del Ajusco, donde desarrolló buena parte de su trayectoria profesional, y hoy ocupa una posición estratégica en el gobierno de Clara Brugada.
En medio de este escenario, comenzó a circular entre periodistas el contrato identificado como SAF/DRMAS/AD/012/2025, cuyo monto, de acuerdo con la documentación difundida, supera los 40 millones de pesos y habría sido asignado mediante adjudicación directa a una empresa vinculada con TV Azteca.
Aquí es donde empiezan las preguntas incómodas.
No porque una exintegrante de una empresa pueda posteriormente trabajar en el gobierno —eso, por sí mismo, no constituye una irregularidad—, sino porque cuando existe una relación profesional previa y al mismo tiempo aparecen contratos públicos millonarios con esa compañía, resulta indispensable explicar con claridad cómo se tomó la decisión.
¿Quién propuso la contratación? ¿Qué servicios se adquirieron? ¿Por qué se recurrió a la adjudicación directa? ¿Existieron otras opciones? ¿Qué criterios se utilizaron para determinar el monto?

El asunto ya llegó a las columnas
El tema fue abordado por el periodista Raúl Rodríguez Cortés en El Universal, quien dedicó parte de su columna del 20 de septiembre a los contratos de TV Azteca con el Gobierno de la Ciudad de México.
El columnista también incorporó el nombre de Lomelí al escenario electoral de Coyoacán y planteó una hipótesis sobre el futuro político de la demarcación y una eventual candidatura de la funcionaria por Morena.
Rodríguez Cortés sostiene que la alcaldía podría convertirse en un espacio relevante para la competencia política y cuestiona la conveniencia de una eventual postulación de Lomelí.
Pero conviene distinguir entre lo documentado y lo interpretativo: las conclusiones políticas del columnista son suyas y no constituyen una determinación oficial sobre la estrategia electoral de Morena ni una prueba de que exista una operación política coordinada.
De comunicadora a pieza política
El nombre de Ana María Lomelí ya no pertenece exclusivamente al terreno de la comunicación.
Su paso por la Cámara de Diputados y su posterior llegada al gobierno capitalino la colocaron dentro de la estructura política de Morena. Ahora, la posibilidad de que su nombre sea considerado para Coyoacán añade otra capa al debate.
Y precisamente por eso, cualquier relación contractual entre una dependencia pública y una empresa con la que la funcionaria tuvo una larga relación profesional merece ser revisada con lupa.
No se trata de condenar antes de investigar. Se trata de investigar antes de cerrar el expediente con un simple “todo está en orden”.
El doble filo de la comunicación política

La ironía del caso es evidente: la funcionaria responsable de comunicar las acciones del gobierno capitalino termina siendo ella misma protagonista de una historia que requiere explicaciones públicas.
Y en comunicación política existe una regla elemental: cuando los documentos hablan, las conferencias de prensa sobran.
Si los contratos cumplieron con todos los requisitos legales y administrativos, corresponde mostrarlo. Si hubo razones técnicas, presupuestales o de mercado para recurrir a la adjudicación directa, corresponde explicarlas.
Y si no existe ningún conflicto de interés, también sería conveniente despejar públicamente cualquier duda.
Porque una cosa es tener un pasado profesional en televisión y otra muy distinta es que ese pasado coincida con decisiones actuales que involucran recursos públicos.
Coyoacán, el otro ingrediente
El escenario se vuelve todavía más político cuando el nombre de Lomelí aparece asociado con Coyoacán.
La demarcación es uno de los territorios donde Morena busca mantener y ampliar presencia, mientras la oposición también tiene intereses electorales. En ese contexto, cualquier movimiento alrededor de una posible candidatura genera lecturas y especulaciones.
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Por ahora, no existe una definición electoral que permita afirmar que Lomelí será candidata de Morena en Coyoacán.
Lo que sí existe es un nombre que comienza a aparecer en la conversación política y una serie de cuestionamientos sobre contratos que requieren respuestas documentadas.
En tiempos donde la transparencia se presume como bandera, quizá el camino más sencillo para apagar el ruido sea precisamente el menos político: poner los documentos sobre la mesa.

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