El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dejó cifras y anuncios en materia económica, social, educativa y de seguridad, pero también puso sobre la mesa una realidad que pocas veces ocupa los reflectores nacionales: la transformación del país también se construye desde los municipios.
Desde esa perspectiva, Armando Quintero Martínez, titular del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED), ha seguido de cerca los esfuerzos de coordinación entre la Federación, los estados y los gobiernos municipales para convertir las políticas públicas en obras y servicios que tengan un impacto directo en la población.
El planteamiento coincide con uno de los mensajes centrales del informe presidencial: un gobierno no puede medirse únicamente por sus discursos o por las cifras nacionales, sino por lo que ocurre en las comunidades, en las colonias y en la vida cotidiana de las familias.

Durante su Segundo Informe, presentado el 1 de septiembre en Palacio Nacional, Sheinbaum defendió una administración basada en austeridad, honestidad y atención a las necesidades sociales. El acto se desarrolló con un formato sobrio y con la presencia de integrantes de su gabinete, legisladores, gobernadores e invitados especiales.
Para Quintero, uno de los ejemplos más claros de esta nueva etapa se encuentra en el Plan Integral de la Zona Oriente del Estado de México, proyecto que articula esfuerzos de los tres niveles de gobierno para atender rezagos históricos en una de las regiones con mayor concentración poblacional del país.
El proyecto contempla una inversión superior a los 75 mil millones de pesos en 10 municipios, con acciones en materia de agua, infraestructura educativa, salud, vivienda, vialidades, recuperación de espacios públicos, ordenamiento territorial y regularización de viviendas.

Más allá del monto de los recursos, el significado político y social del proyecto está en la coordinación.
Durante años, los municipios enfrentaron problemas que rebasaban sus capacidades presupuestales y técnicas. La apuesta del federalismo cooperativo consiste precisamente en que Federación, estados y ayuntamientos trabajen sobre objetivos comunes, evitando que cada nivel de gobierno actúe de manera aislada.
En esa tarea, el papel del INAFED adquiere especial relevancia, pues el fortalecimiento municipal es indispensable para que las políticas nacionales tengan resultados concretos en el territorio.
Del Palacio Nacional a las calles de los municipios
El mensaje de Sheinbaum estuvo acompañado por cifras que reflejan la dimensión de los programas federales.
La presidenta informó que la Inversión Extranjera Directa alcanzó 35 mil millones de dólares durante el primer semestre de 2026, mientras que el país llegó a 60 millones de personas con empleo. También destacó la reducción de los homicidios dolosos y avances en educación, salud, vivienda y programas sociales.

Pero cada uno de esos resultados termina teniendo una expresión territorial.
Una escuela rehabilitada está en un municipio. Un hospital está en una comunidad. Una obra hidráulica llega a una colonia. Una vivienda regularizada significa seguridad patrimonial para una familia.
Por eso, el trabajo municipal representa uno de los eslabones fundamentales para que la transformación no se quede en las oficinas de gobierno.
Quintero ha colocado precisamente esa visión federalista como parte de la agenda del INAFED: fortalecer las capacidades de los municipios y facilitar la coordinación institucional para que los recursos y programas puedan traducirse en soluciones concretas.
Austeridad que busca convertirse en obra pública
Otro de los elementos destacados por Sheinbaum fue la reducción del gasto corriente y el uso más disciplinado de los recursos públicos.
La presidenta sostuvo que su administración ha ejercido el gobierno bajo principios de honradez y austeridad republicana. En su informe también destacó el crecimiento de los programas sociales, los incrementos al salario mínimo, la inversión en infraestructura y la ampliación de servicios públicos.
Desde el ámbito municipal, el desafío consiste en que esa disciplina presupuestal no signifique solamente reducir gastos, sino utilizar mejor cada peso disponible.
Ahí aparece nuevamente el federalismo como una herramienta práctica.
Cuando los tres niveles de gobierno logran ponerse de acuerdo, una inversión puede multiplicar sus efectos: una obra de agua puede acompañarse con infraestructura urbana; una escuela puede integrarse a un programa de movilidad; un proyecto de vivienda puede complementarse con servicios públicos y recuperación de espacios.
La transformación, vista desde los municipios, deja entonces de ser una consigna política y se convierte en una suma de acciones concretas.

Los retos todavía están presentes
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El balance presentado por la presidenta también reconoció que existen problemas pendientes.
La seguridad continúa siendo uno de los principales desafíos, mientras que el crecimiento económico, la relación con Estados Unidos y las desigualdades regionales requieren atención permanente.
La propia estrategia federal de seguridad reportó una reducción de 51 por ciento en los homicidios dolosos, además de decenas de miles de detenciones y decomisos de armas y drogas.
Sin embargo, detrás de cualquier indicador nacional existen municipios donde la realidad puede ser muy distinta.
De ahí la importancia de fortalecer a los gobiernos locales. Son las autoridades más cercanas a la ciudadanía y, en muchos casos, las primeras en enfrentar problemas relacionados con seguridad, agua, movilidad, servicios urbanos, vivienda y desarrollo social.
Un federalismo que busca resultados
La visión que impulsa Armando Quintero desde el INAFED parte de una premisa sencilla: para transformar la vida de las personas se necesita coordinación.
El Plan Integral de la Zona Oriente es uno de los ejemplos más visibles de esa lógica. Su dimensión obliga a que Federación, Estado de México y municipios compartan responsabilidades, recursos y objetivos.
En una región donde millones de personas enfrentan diariamente problemas de movilidad, agua, vivienda, infraestructura y servicios, la coordinación deja de ser un concepto administrativo y adquiere un sentido profundamente humano.
Una calle pavimentada cambia el traslado de una familia. Una vivienda regularizada da certeza patrimonial. Una obra hidráulica puede significar agua en los hogares. Un espacio público recuperado puede devolver seguridad y convivencia a una comunidad.

Ese es, finalmente, el desafío de la transformación: conseguir que las grandes decisiones nacionales lleguen hasta el lugar donde vive la gente.
El Segundo Informe de Sheinbaum planteó que México “va mejor” y que existe un rumbo definido por el pueblo.
Desde los municipios, Armando Quintero enfrenta parte de la tarea de hacer que ese rumbo se traduzca en resultados visibles.
Porque un gobierno se evalúa también por lo que ocurre lejos de los grandes discursos: por la calidad de los servicios, por las obras que llegan a las comunidades y, sobre todo, por la posibilidad de que una familia pueda vivir con mayor seguridad, bienestar y dignidad.
Ese es el rostro municipal de la transformación y uno de los principales retos del federalismo mexicano.

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