El gobierno de Estonia reportó que tres cazas rusos MiG-31 ingresaron a su espacio aéreo cerca de la isla de Vaindloo, en el Golfo de Finlandia, donde permanecieron alrededor de 12 minutos sin presentar plan de vuelo, con los transpondedores apagados y sin comunicación con el control aéreo estonio.
El incidente provocó respuestas de aviones de la OTAN, que los hicieron retirarse.
Estonia calificó la incursión como una provocación sin precedentes y ha solicitado que se activen las consultas bajo el Artículo 4 del tratado de la OTAN, que obliga a los miembros a reunir a la alianza cuando algún territorio, independencia política o seguridad sea amenazado.
Por su parte, Rusia negó la acusación, asegurando que los aviones volaban sobre aguas neutrales y que no violaron fronteras nacionales; mantuvo que se trató de un vuelo previsto entre Karelia y el enclave ruso de Kaliningrado.

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