A este querido México no se le puede calibrar bajo una sola lente; los muchos Méxicos arrebatan la razón para que alguien, de manera seria, se atreva a decir que lo que sucede en el norte es igual a lo que ocurre en el sur. Un mal entendido federalismo disecciona de manera injusta al cuerpo nacional. Ya sabe, si de los regios se trata, parecería que estamos ante los hijos del Súper Bowl y la carnita asada, sin descontar, por supuesto, esa enfermiza relación que se tiene con un personaje creado por la Matrix de las redes sociales, de quijada prominente y muy chistoso, de esos ricos que se acostumbran a que todos les aplaudan solo porque son millonarios o, peor, gobernadores… o esposos de influencers famosas como la ¿primera dama? (yo digo que Marianita es la que lleva los pantalones) en el gobierno de Nuevo León.
Pero de esta tiktokera pareja (Samuel y Mariana) habremos de tratar después. Estaba en eso de que a nuestro México se le pasa por básculas muy amañadas; dependiendo de la región es la pedrada.
Si es para el norte, una especie de supremacía se huele en los ambientes periodísticos; si es para el sur, una cascada de estigmas se deja sentir. Y que me disculpen los colegas de los medios nacionales, los que determinan qué se publicará o no… para el sur, la mejor venta es la nota roja, el cuchilleo y chismarrajo vomitivo. ¿No me cree?
Pues el muy regiomontano periódico REFORMA, cuyos orígenes son de Monterrey (comenzaron con el diario EL NORTE —¡o sea, el sur o el centro que se jodan!—), publicó una “investigación” sobre el desplome de la construcción y el turismo en el sur de México. Basan su nota en un reporte del Banco de México del último periodo de 2025, y la conclusión es que la gente no viaja al sur por miedo a los “altos niveles de violencia”, lo cual también ha afectado a la industria de la construcción.
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El Reforma enumera a varios estados de esa región geográfica, pero el que me ha llamado la atención es el caso de Chiapas, pues el que se haya incluido significa no solo ignorancia supina, sino perversión editorial de este diario. Bueno, al menos en esto mantienen congruencia. Le diré el por qué: Chiapas es, lo refrendan los números internos y externos sobre la percepción de los ciudadanos —obviamente chiapanecos—, un estado que revivió en todos los sentidos. Uno de los mayores logros, convertido en fenómeno nacional, fue que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar redujo a niveles de sótano una situación de violencia y terror con la que, hace poco más de dos años, se vivía allá.
Mire, podríamos asegurar que la primera plana del Reforma se coloca en ese término tan de las mamás, o sea, “son ganas de joder al prójimo”. Pero el que pasen por alto los distinguidos editores la avalancha de números que le dan la razón a un Chiapas en paz y con brutales niveles de inversión indica una cosa: o pegan para cobrar o pegan para intentar disminuir a una de las figuras más recias y tenaces de la galería de gobernadores y gobernadoras. Neta, neta, neta, lo que ha hecho Eduardo Ramírez con el estado es digno de ser enmarcado, y eso que el anterior, el nada citable Rutilio, le dejó una de las peores administraciones que se haya tenido en el estado.
Decíamos, entonces, que en el norte nunca van a reconocer que en el sur existen más pantalones y talento político, o ¿les preocupa que en México se pasee un jaguar?… ¿Así quieren impulsar a su gallo Samuel García? No nos hagan reír.
Pero esto no para ahí: al Reforma se le antojó incluir a Yucatán… ¡Yucatán! El estado de la República, junto con Chiapas, con menores casos de crímenes y violencia. Yucatán, bajo poderosas obras generadas por la inversión privada y pública (pinches regios, deberían ir a Puerto Progreso para darse un baño de realidad política y financiera). Yucatán, el estado ejemplo en transparencia y buen gobierno.
¡Vamos! Tanto Chiapas como Yucatán, así como Oaxaca, Quintana Roo o Guerrero, son merecedores de millones de visitantes turísticos… hasta Veracruz llenó sus playas con todo y chapapote, pero la gente llegó.
La crisis de credibilidad en la que están metidos muchos medios de comunicación se origina en este tipo de pastelazos, notas o columnas falaces, torcidas a propósito para el engaño; en su gran mayoría, se tratan de balas para la extorsión. Pero se metieron con Chiapas y Yucatán, dos entidades que hemos seguido de cerca y, aunque mi palabra no es de tinta bíblica, lo es de quien sabe lo que escribe, pues lo hemos visto, lo hemos vivido.
Así que los del Deforma, perdón, Reforma, serían bienvenidos a Tapachula o Mérida para que respiren ese otro México —el poderoso OTRO MÉXICO— que seguramente no conocen. Es más, que les pregunten a los regios que han salido corriendo del norte para refugiarse en Yucatán, en particular en Mérida.

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