De acuerdo a una investigación del portal México Político, la comunidad chicana alza la voz en defensa de millones de connacionales que enfrentan una política migratoria estadounidense considerada como una redefinición del “delito de existir”.
Según el texto, bastan actividades cotidianas —como ir por pan, ir al trabajo o repartir despensas— para convertirse en blanco de redadas, humillaciones y expulsiones sistemáticas. Lejos de presentarse como una “migración estricta”, se denuncia una estrategia deliberada de exclusión social mediante el miedo racializado y la invisibilización institucional.
La publicación subraya que millones de personas indocumentadas forman parte esencial de la economía estadounidense —1.4 millones en construcción, medio millón en cuidado infantil y la mitad de mano de obra agrícola en estados como California— y que, pese a ello, son criminalizadas por ejercer su derecho a existir.
Frente a esta situación, chicanos e intelectuales mexicanos-estadounidenses han organizado protestas, foros públicos y pronunciamientos colectivos como respuesta activa a lo que consideran una “caza migratoria”.
En conjunto, se denuncia un clima de xenofobia institucionalizada que no solo vulnera derechos humanos, sino que también amenaza la cohesión social y el reconocimiento de una población que vive inserta en la sociedad estadounidense desde hace décadas.

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