El cambio climático ya tiene impacto tangible en la industria automotriz mexicana: durante junio y julio, las fuertes lluvias en la Ciudad de México y el calor extremo en el norte del país provocaron un aumento del 12 al 15 % en la demanda de refacciones y servicios postventa, según datos de la Asociación Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (Anapsa).
Los daños ocasionados por baches, inundaciones y derrapes elevaron la necesidad de llantas nuevas, amortiguadores y ejes, mientras que el calor disparó la demanda por partes del sistema de enfriamiento como radiadores, mangueras y refrigerante.
Aunque la mayor presión comercial beneficia a talleres y fabricantes de autopartes, la incertidumbre económica y el desempleo están llevando a los automovilistas a priorizar reparaciones funcionales sobre gastos estéticos.

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