El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso en duda la legitimidad de las elecciones presidenciales de Brasil al afirmar que los comicios le parecieron fraudulentos, pese a sostener que no respaldó a ninguno de los candidatos.
Las declaraciones se produjeron después de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, quien derrotó en la segunda vuelta al ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Antes de abordar el avión presidencial Air Force One para viajar a Misisipi, donde tenía programado un mitin electoral, Trump expresó ante la prensa su desconfianza sobre el proceso electoral brasileño y calificó negativamente la imagen que, a su juicio, dejaron los resultados.
El mandatario estadounidense insistió en que no tomó partido en la contienda, aunque reiteró que los comicios le parecieron corruptos. Sin embargo, no presentó pruebas para sustentar sus señalamientos.
Bolsonaro anuncia acciones legales
La victoria de Lula representa un nuevo capítulo en la disputa política brasileña. Tras conocerse los resultados, Flávio Bolsonaro rechazó reconocer el triunfo y anunció que recurrirá a la Justicia para solicitar la anulación de las elecciones.
Entre sus argumentos figura la decisión judicial de extender dos horas el horario de votación en todo el país, una medida adoptada en respuesta a una petición de la campaña de Lula.
La controversia se suma a la polarización política que ha marcado a Brasil en los últimos años, especialmente desde el enfrentamiento entre los sectores que respaldan al actual mandatario y los simpatizantes del bolsonarismo.
Tensión entre Washington y Brasilia

El resultado electoral también tiene implicaciones para la relación entre Estados Unidos y Brasil. La victoria de Lula supone un revés para la estrategia de Trump de ampliar la influencia de Washington en América Latina mediante gobiernos de derecha cercanos a su agenda política.
Aunque Trump no manifestó públicamente su respaldo a Flávio Bolsonaro durante la campaña, sí mantuvo gestos de acercamiento, entre ellos una recepción en el Despacho Oval en mayo, un encuentro poco habitual para un senador extranjero.
Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha incrementado la presión sobre el Gobierno brasileño. El año pasado impuso elevados aranceles a productos de Brasil en respuesta al proceso judicial contra Jair Bolsonaro, aliado político de Trump durante su primer mandato.
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El expresidente brasileño fue condenado por intentar dar un golpe de Estado, un caso que profundizó las diferencias políticas entre ambos países.
Las declaraciones de Trump añaden tensión a la relación bilateral y colocan nuevamente el resultado electoral brasileño en el centro del debate político regional.

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