En un intento por calmar la preocupación pública, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, presentó este sábado un informe médico en el que se afirma que Donald Trump, de 79 años, padece insuficiencia venosa crónica (IVC), una condición vascular común en adultos mayores.
El reporte, elaborado por el doctor Sean Barbabella, describe el padecimiento como benigno y manejable con medias de compresión y ejercicio físico.

Sin embargo, imágenes recientes que muestran al expresidente con piernas visiblemente hinchadas y moretones en las manos durante la final del Mundial de Clubes han despertado nuevas dudas sobre su salud. Aunque el ecocardiograma mostró una función cardíaca “normal”, expertos independientes alertan que los síntomas visibles y el historial médico de Trump podrían ser signos de insuficiencia cardíaca avanzada.
Estudios recientes, como el publicado en 2023 por European Heart Journal, señalan una fuerte correlación entre la insuficiencia venosa crónica y la sobrecarga cardíaca, especialmente en pacientes mayores con obesidad y antecedentes de enfermedades cardiovasculares.

En el caso de Trump, factores como el sobrepeso, una alimentación rica en grasas y sodio, cirugías estéticas repetidas y un pasado marcado por el consumo de drogas como cocaína y anfetaminas, configuran un perfil clínico de alto riesgo.
“El cuerpo de Trump ha sido castigado durante décadas”, afirma un médico especialista en cardiología que pidió el anonimato. “Las piernas hinchadas son un signo clásico de un corazón débil, no solo de un problema venoso”.

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Además, un estudio de 2021 en el Journal of Clinical Cardiology detalla cómo el uso crónico de estimulantes puede dañar irreversiblemente el músculo cardíaco.
A esto se suma la obesidad severa —Trump supera los 130 kilos, según fuentes cercanas—, y las múltiples intervenciones quirúrgicas que podrían haber comprometido su sistema linfático y venoso, empeorando el cuadro.

La Casa Blanca niega cualquier diagnóstico grave, enfatizando que no hay señales de trombosis ni fallos cardíacos. Sin embargo, médicos independientes consultados por diversos medios cuestionan esta versión.
“El hecho de que esté tomando aspirina ya indica un riesgo cardiovascular”, advierte otro especialista. “La presencia de hematomas frecuentes y edema en extremidades es más consistente con insuficiencia cardíaca congestiva”.
La salud del exmandatario se ha convertido en un tema delicado para su equipo de comunicación, especialmente en un año electoral. Reconocer públicamente una insuficiencia cardíaca podría debilitar su imagen de fortaleza, aún más entre sus bases.

Para algunos analistas, Trump es ahora el reflejo de un estilo de vida que durante años desafió los límites del cuerpo humano: comida chatarra, estrés, drogas y una negación persistente del deterioro físico.
“La biología no miente”, advierte un editorial médico publicado esta semana. “Trump está luchando contra una condición que no distingue poder ni fortuna: la lenta, implacable y fatal insuficiencia cardíaca”.

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