Lo que comenzó como una apuesta por la economía social hoy se traduce en historias de dignidad recuperada. A más de un año del arranque de las primeras cooperativas de limpieza impulsadas desde el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES), el proyecto no solo ha generado empleo: ha cambiado de raíz la vida de quienes durante años permanecieron invisibles.
Con el acompañamiento institucional y una visión centrada en las personas, estas cooperativas han permitido que trabajadores —antes en condiciones precarias o informales— se conviertan en socios, dueños de su propio esfuerzo y protagonistas de su desarrollo.

¿Cómo cambió la vida de los nuevos socios?
Para muchos de los integrantes, el paso de empleados invisibilizados a socios cooperativistas ha significado estabilidad económica, acceso a derechos laborales y, sobre todo, reconocimiento. Hoy participan en la toma de decisiones, organizan su trabajo y comparten los beneficios de manera equitativa.
Este modelo ha fortalecido no solo los ingresos familiares, sino también la autoestima y el sentido de comunidad entre quienes integran estas iniciativas.
¿Qué papel ha jugado el INAES?
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Bajo la dirección de Caty Monreal, el INAES ha apostado por un enfoque que prioriza la inclusión productiva. Más allá del financiamiento, el instituto ha brindado capacitación, acompañamiento técnico y herramientas organizativas que permiten la sostenibilidad de los proyectos.
La estrategia ha demostrado que la economía social puede ser una vía real para reducir desigualdades y abrir oportunidades a sectores históricamente marginados.
¿Por qué este modelo marca una diferencia?
A diferencia de esquemas tradicionales, las cooperativas promueven la corresponsabilidad y el beneficio colectivo. En el caso de las de limpieza, se ha logrado dignificar un trabajo frecuentemente subvalorado, mostrando que cuando se generan condiciones justas, el impacto trasciende lo económico.
Además, el modelo fortalece el tejido social al fomentar la solidaridad, la participación y la confianza entre sus miembros.

Un futuro con rostro humano
A más de un año de su implementación, las cooperativas de limpieza son ejemplo de cómo las políticas públicas pueden transformar realidades cuando se enfocan en la persona. El reto ahora es ampliar su alcance y replicar el modelo en otros sectores.
En medio de un contexto desafiante, estas historias recuerdan que el trabajo digno y la organización comunitaria siguen siendo motores poderosos de cambio.

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