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Othón P. Blanco: se inunda de nombres, pero sin contenidos

Por Fernando Castro Borges

​En los últimos diez años, la política en Othón P. Blanco se ha centrado más en los nombres que en los proyectos. Cambian los rostros y los discursos, pero los problemas de siempre se quedan. 

​Por eso, la discusión ya no debe ser quién va a ganar la próxima elección. La pregunta clave es otra: ¿qué municipio queremos construir y cómo lo vamos a gobernar? 

​Chetumal y todo Othón P. Blanco tienen de todo: frontera, bahía, selva, historia y una ubicación clave hacia el Caribe. A pesar de esto, el debate público se ha quedado atrapado en lo mismo de siempre: fotos, slogans y promesas que se reciclan cada tres años. 

​El propio Plan Municipal de Desarrollo 2024-2027 lo admite: fallas en servicios públicos, baches, basura, mal drenaje, calles a oscuras y la sensación de que el gobierno no puede resolver lo básico. 

​Aquí es útil recordar lo que decía Heidegger: habitar no es solo ocupar un espacio, sino construir una relación responsable con él. Gobernar un municipio significa precisamente eso, dejar de apagar fuegos al día para empezar a mejorar la vida de quienes vivimos aquí. 

​Además, como señala Manuel Castells, las ciudades de hoy no compiten por favores políticos, sino por conectividad, innovación, buenos servicios y trabajo en equipo entre ciudadanos, empresas, universidades y gobierno. Othón P. Blanco necesita verse así. 

​Necesitamos una estrategia a diez o quince años, sin importar qué partido o persona esté en el Ayuntamiento. Esto implica levantar banderas blancas de una vez por todas en los problemas técnicos de nuestra capital: resolver el agua, el drenaje, las calles sin baches, la movilidad y los servicios públicos. 

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Pero ir más allá de lo técnico significa también trazar rumbos claros para darle a Chetumal una identidad social, política y con certidumbre. Necesitamos arraigo, confianza en nuestras instituciones y orgullo por lo que somos, sabiendo que el municipio no es solo la ciudad. La zona rural, la bahía y lugares como Calderitas, Xul-Ha, Huay Pix y Mahahual necesitan planes reales de desarrollo, no apoyos que solo llegan en tiempos de campaña. 

​Gobernar debe ser con resultados y datos claros, no con fotos. Quien aspire a liderar debe presentar compromisos con fechas y formas de evaluación. Como ciudadanos, debemos poder exigir cuentas reales de lo que se avanza y lo que se queda pendiente. 

​Después de una década, el verdadero cambio no está en buscar un nuevo nombre, sino en dejar de depender de él. 

​Othón P. Blanco ya no está para empezar de cero cada tres años. Urge construir una idea de futuro con rumbo y certidumbre, porque un nombre gana una elección, pero un proyecto hace historia de cambio. 

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