Más allá del mostrador: el verdadero reto del sur
Por Fernando Castro Borges
Prorrogar la Zona Libre en Chetumal hasta finales de 2026 alivia el bolsillo inmediato, pero no asegura el desarrollo del sur de Quintana Roo.
Si aspiramos a una economía sólida, debemos dejar de pensar únicamente en el consumo para enfocarnos en la producción.
Para lograrlo, es imprescindible clarificar las reglas del juego y distinguir las herramientas disponibles. La Zona Libre está concebida para el comercio minorista: exonera o reduce aranceles para traer mercancías terminadas —alimentos, ropa o electrodomésticos— directas al anaquel. En cambio, el Recinto Fiscalizado Estratégico (RFE) es un motor industrial y logístico: un espacio diseñado para almacenar, transformar, ensamblar y redistribuir bienes a mayor escala.
El conflicto radica en su desconexión. De más de 12,500 fracciones arancelarias existentes, la Zona Libre abarca solo unas 1,300 (el 10.3%). Este catálogo deja fuera insumos clave, maquinaria, refacciones y herramientas que exige cualquier taller, ensambladora o centro logístico. Si la materia prima para fabricar resulta incosteable, la ventaja geográfica de Chetumal se diluye.
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Como advertía Zygmunt Bauman al teorizar sobre la modernidad líquida, el capital no se petrifica: fluye hacia donde encuentra certeza, costos competitivos y agilidad operativa. Si la capital quintanarroense no reacciona, las inversiones migrarán hacia latitudes más receptivas.
La ruta exige tres movimientos articulados: conservar el esquema comercial para la población local, emitir un decreto complementario que libere de cargas el ingreso de insumos industriales al RFE, y respaldar ambos incentivos con infraestructura logística real, servicios eficientes y mano de obra capacitada.
El debate no radica en desmerecer la Zona Libre, sino en asumir sus límites. Un catálogo para mostrador no alcanza para vestir un parque industrial.
No hay más margen para el conformismo ni para celebrar prórrogas que solo posponen lo inevitable. La Zona Libre solo servirá, así se tiene contemplado, para comprar más barato hoy, pero no genera los empleos ni la riqueza del mañana. Es momento de dar el salto decisivo: o transformamos el Recinto Fiscalizado Estratégico en una verdadera plataforma de producción e inversión, o condenamos a Chetumal a ser un eterno mostrador de paso en un mundo que no espera por nadie.
Fernando Castro Borges es un destacado sociólogo político y administrador con especialización en aduanas, quien combina su experiencia docente universitaria con una sólida formación académica —que incluye diplomados en capacitación de personal, estudios en administración aduanera y una maestría en educación—. Radicado en Chetumal, proyecta su labor intelectual y de comunicación a través de su programa radiofónico Desde donde inicia la patria.

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