El costo de la incertidumbre: De la gestión burocrática a la visión estratégica
Por Fernando Castro Borges
En días pasados observamos el desfile habitual de indicadores que el INEGI el cual presenta anualmente sobre desempeño económico. Esto generó múltiples especulaciones, analistas encontrarán han encontrado datos contundentes para generar críticas y hasta intelectuales de bandos diferentes se han subido al ring de la macroeconomía para mostrar tesis, argumentos y hasta corrientes teóricas teorías para sustentar sus interpretaciones a los números presentados y tratar de explicar, las muy diversas, reacciones coyunturales por parte tanto de los sectores públicos y privados. Sin embargo, más allá de si las cifras han resultado ligeramente mejores o peores, lo verdaderamente alarmante es que estos datos, por sí mismos, son insuficientes para generar certidumbre. El problema no es el número en sí, sino la falta de elementos sólidos que conviertan ese panorama en un terreno fértil para la inversión.
Como advertía Zygmunt Bauman, vivimos tiempos de una incertidumbre líquida, donde las certezas económicas parecen escurrirse entre los dedos. Esta fragilidad se vuelve dolorosamente real cuando nos damos cuenta de que seguimos apostando por modelos agotados. Insistir en depender exclusivamente de una gestión burocrática o de dinámicas comerciales que perdieron su competitividad hace años no genera confianza; por el contrario, ahuyenta a quien busca seguridad para invertir su capital. No es una percepción: es la realidad que limita el desarrollo y que, lamentablemente, termina expulsando al talento que no encuentra motivos para creer en un proyecto a largo plazo. No hay confianza en la inversión.
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La respuesta no puede ser sentarnos a esperar a que la macroeconomía —y sus datos volátiles— nos dicten el camino. Eso es navegar a la deriva, sin remos yendo hacia un huracán inminente. Necesitamos construir nuestra propia ruta: diversificar, fortalecer la infraestructura logística, crear condiciones que atraigan inversión productiva y, sobre todo, generar empleos formales que den dignidad.
Los diagnósticos son indispensables, pero son ineficaces si no se traducen en decisiones de fondo. El desafío real no es solo alcanzar un porcentaje de crecimiento más o menos decoroso, que aún ni siquiera se consigue; sino, que además, es dejar de esperar pasivamente y empezar, de una vez por todas, a construir un futuro con rumbo, basado en la certidumbre que hoy nos hace tanta falta.
Fernando Castro Borges es un destacado sociólogo político y administrador con especialización en aduanas, quien combina su experiencia docente universitaria con una sólida formación académica —que incluye diplomados en capacitación de personal, estudios en administración aduanera y una maestría en educación—. Radicado en Chetumal, proyecta su labor intelectual y de comunicación a través de su programa radiofónico Desde donde inicia la patria.

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