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La ciudadanía digital no se prohíbe: se construye

Por Fernando Castro Borges

Desde Donde Inicia la Patria.- La discusión ya está sobre la mesa. Tras el 19 de julio, una vez que concluya la “Copa mundial FIFA 2026”, el Gobierno Federal abrirá un foro nacional para analizar el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial en niñas, niños y adolescentes. La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que no se trata de censurar, sino de debatir problemas reales: la salud mental, la concentración del poder en las grandes plataformas tecnológicas y el uso creciente de la inteligencia artificial (IA).

El diagnóstico es claro, pero la respuesta sigue dividiendo opiniones. Mientras algunos congresos impulsan restricciones para impedir el acceso de menores a las redes sociales, especialistas en este tema advierten que prohibir no elimina el problema; simplemente lo traslada a la clandestinidad digital. Los riesgos como el ciber acoso, el grooming o las extorsiones existen, pero también existe el peligro de dejar a los jóvenes sin herramientas para desenvolverse de forma segura en un entorno que ya forma parte de su vida cotidiana.

El sociólogo Manuel Castells, en su libro “Comunicación y poder” sostiene que en la sociedad red el poder circula por los flujos de comunicación. Quien queda fuera de ellos pierde capacidad de participar, informarse e influir. Por ello, el desafío no consiste en apagar las pantallas, sino en formar ciudadanos digitales capaces de ejercer su libertad con responsabilidad.

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En Quintana Roo esta realidad es evidente, se ha discutido en diversas tribunas. Durante el Foro Internacional sobre la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en los Viajes y el Turismo, realizado en Cancún, especialistas coincidieron en que la explotación infantil también se articula mediante redes sociales, por lo que la prevención requiere educación, vigilancia y responsabilidad. Al mismo tiempo, cientos de jóvenes utilizan esas mismas plataformas para emprender, organizar proyectos y expresar sus ideas.

El verdadero reto es construir reglas que protejan sin excluir. Hoy no existe un mecanismo técnicamente viable para verificar la edad sin comprometer la privacidad de millones de usuarios, y cada nueva restricción suele encontrar formas de ser evadida, de ahí lo complejo de la tarea.

La pregunta central, considero, no solo debería ser a qué edad se entrega un teléfono celular a los infantes; sino, ademas, qué tipo de ciudadanía digital queremos construir. La respuesta pasa por educación, pensamiento crítico, regulación transparente y una participación responsable de familias, escuelas, empresas y autoridades. La ciudadanía digital no se impone con prohibiciones; se fortalece formando ciudadanos capaces de habitar con libertad y responsabilidad la plaza pública del siglo XXI.

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