El Vaticano inició este febrero una restauración extraordinaria de El Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, la primera intervención de este tipo en 30 años para recuperar la intensidad de sus colores originales tras décadas de desgaste por micropartículas en el ambiente y la afluencia de visitantes.
La obra maestra del Renacimiento, pintada entre 1536 y 1541 y ubicada en la pared del altar, quedará cubierta por andamios y una lona con reproducción en alta definición durante los aproximadamente tres meses que durará el proceso de limpieza y conservación. A pesar de las obras, la Capilla Sixtina permanecerá abierta al público, y otras pinturas, como La creación de Adán en el techo, seguirán expuestas.
El director del Laboratorio de Restauración de los Museos Vaticanos explicó que la superficie del fresco había desarrollado una “neblina blanquecina” causada por la acumulación de partículas transportadas por el aire, que ha atenuado los contrastes y la vivacidad cromática originales ideados por el artista. El objetivo es eliminar estos depósitos para devolverle luminosidad y expresividad a la pieza.
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