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La Política Desde la Psicología

Factores psicológicos que influyen en la perpetuación de la corrupción en la política.

Por el Dr. Horacio Rafael Rodríguez Montalvo

La complejidad de la situación social en México no solo se refleja en cifras económicas o en estadísticas de inseguridad, sino también en las profundas huellas que dejan las decisiones de quienes ocupan cargos públicos sin la preparación adecuada. La presencia de funcionarios que, por diversas razones, alcanzan puestos de poder sin mérito ni competencia, genera un impacto psicológico que trasciende a la población y afecta la estructura misma de la sociedad. La psicología social en nuestro país revela un entramado de percepciones, miedos y desconfianzas que se alimentan de estas dinámicas de nombramientos políticos y de la corrupción que las acompaña.

Los ciudadanos viven en un estado de incertidumbre constante, donde la percepción de que las decisiones gubernamentales están influenciadas por intereses personales o económicos, en lugar de un compromiso genuino con el bienestar colectivo, genera ansiedad y desilusión. La confianza en las instituciones públicas se ha erosionado, y esto tiene efectos directos en la salud mental. La sensación de vulnerabilidad, la pérdida de esperanza y el sentimiento de impotencia se ven reflejados en niveles crecientes de estrés, depresión y apatía social.

Estudios recientes indican que, en México, la percepción de corrupción y la falta de transparencia en la administración pública están estrechamente vinculadas con estos trastornos psicológicos, que llevan las conductas a enfocarse a sólo criticar o defender funcionarios, donde sólo terminan afectados los observadores y sin provocar el más mínimo cambio en la persona que recibe un pago por realizar un trabajo en beneficio de la población. Eso solo crea un ciclo donde la desconfianza alimenta más descontento y ansiedad.

Los perfiles psicológicos de los funcionarios que ocupan cargos sin la preparación necesaria también merecen atención. La presencia de individuos con propiedades y recursos que parecen estar por encima de sus ingresos oficiales, en muchos casos, evidencias prácticas corruptas.

Algunas características psicológicas de estos personajes suelen estar marcada por una combinación de narcisismo, falta de empatía y una percepción distorsionada de la realidad. La impunidad y la cultura del privilegio refuerzan comportamientos egoístas y una visión del poder como un medio para la acumulación personal, en lugar de un servicio público. La designación de estos personajes en puestos estratégicos, como directivos en Pemex, Infonavit o incluso en la diplomacia, sin los méritos adecuados, refleja una estructura que favorece la perpetuación de estas conductas y que, a su vez, alimenta la desconfianza social.

Casos emblemáticos que solo revela una tendencia a priorizar lealtades o intereses políticos sobre la competencia técnica y ética.

La población, acostumbrada a la corrupción y a la ineficiencia, desarrolla mecanismos de afrontamiento que van desde la apatía hasta la justificación de conductas ilícitas. La cultura del “quejido silencioso” y la aceptación de la desigualdad como parte del orden social refuerzan un estado de pasividad que dificulta cambios profundos. Sin embargo, esta misma resignación puede transformarse en una fuente de resistencia si se fomenta una mayor conciencia social y se promueve la participación activa en la vigilancia y exigencia de transparencia.

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La desconfianza, el estrés y la pérdida de esperanza son síntomas de un sistema que necesita urgentemente una renovación ética y profesional. La psicología social del país revela que, para avanzar, es necesario fortalecer la cultura de la meritocracia, sin importar el partido político al que pertenezca, promover la transparencia y fomentar una ciudadanía que exija y participe en la construcción de un México más justo y confiable.

Solo así se podrá romper el ciclo de impunidad y construir un futuro donde la salud mental de la población y la integridad de sus instituciones sean prioridades compartidas. Enfrentar la corrupción, fortalecer la meritocracia y asignar a las personas más talentosas y preparadas en los puestos estratégicos del gobierno son pasos fundamentales para construir una sociedad más justa, eficiente y transparente.

Doctor en la Facultad de medicina, en el área de ciencias de la salud con especialidad en salud mental en el trabajo. Consultor y conferencista en transformación organizacional – humano, en diversas empresas privadas y públicas.

Docente en los niveles de licenciatura, maestría, doctorado, especialidad y diplomado, en las carreras de: Psicología, administración, educación, mercadotecnia, alta dirección y desarrollo humano.

Especialista invitado en programas radiofónicos, publicaciones en periódico, revistas impresas/ electrónicas, redes sociales, plataformas y televisión con temas del comportamiento humano.

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