Debido a la saturación de los centros de detención migratoria, el U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE) comenzó a trasladar a migrantes a cárceles federales de alta seguridad, donde conviven con reos de alto perfil.
Algunas de esas cárceles habían albergado en el pasado a delincuentes notorios, lo que ha generado alarma entre organizaciones de derechos humanos y familiares de los detenidos, quienes denuncian que muchos migrantes sin antecedentes penales están siendo recluidos en condiciones de máxima seguridad.
El traslado masivo y la incapacidad de los centros migratorios oficiales para albergar a todos los detenidos visibilizan cómo la actual política migratoria en Estados Unidos fuerza la utilización del sistema carcelario penal —habitualmente previsto para delincuentes— para personas cuya única “falta” es su estatus migratorio irregular.
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