Prácticas sexuales y conductas de riesgo:
Entre la desinformación, el placer y la necesidad de educación sexual integral
Por Javan Alfredo Aguilera Márquez
Recientemente estuve en una video conferencia acerca de las prácticas sexuales forman parte inherente del desarrollo humano y su diversidad, esto responde a múltiples factores culturales, biológicos y sociales. Sin embargo, cuando se desarrollan sin información suficiente, sin consentimiento claro o en contextos de vulnerabilidad, pueden derivar en conductas de riesgo que comprometen la salud física, emocional y social de las personas.
Esta conferencia examinò las prácticas sexuales desde una perspectiva crítica, analizando cómo la desinformación, el estigma y la falta de políticas públicas efectivas inciden en la proliferación de conductas de riesgo, particularmente entre adolescentes y jóvenes. Se plantea, además, la necesidad urgente de fortalecer la educación sexual integral y los servicios de salud con enfoque de derechos, diversidad y prevención.
Ahora bien derivado de lo anterior… ¿Qué se entiende por conductas sexuales de riesgo?
Revisando un poco la bibliografìa de la la OMS y algunas organizaciones que se dedican a analizar las sexualidad y las conductas de riesgo, las conductas sexuales de riesgo son aquellas prácticas que aumentan la probabilidad de contraer infecciones de transmisión sexual (ITS), embarazos no planificados o de sufrir violencia sexual. Estas incluyen: tener relaciones sexuales sin preservativo, múltiples parejas sexuales sin seguimiento médico, consumo de sustancias durante el acto sexual, prácticas coercitivas o no consensuadas, entre otras (OPS, 2020).
El riesgo no está en la práctica en sí, sino en el contexto: la ausencia de información clara, el miedo a consultar servicios de salud, la presión de grupo, la desigualdad de género o la falta de consentimiento. Así, una relación sexual puede ser placentera y segura si se basa en el consentimiento mutuo, el uso de protección y el respeto, mientras que puede ser riesgosa incluso entre parejas estables si hay coerción o negligencia en la salud sexual.
Factores que inciden en las conductas sexuales de riesgo
Uno de los principales factores es la ausencia de educación sexual integral (ESI). En muchos contextos, hablar de sexualidad sigue siendo tabú, lo que deja a niños, niñas y adolescentes expuestos a fuentes poco confiables o estigmatizantes como la pornografía o los rumores escolares. La falta de programas educativos que aborden la sexualidad desde el autocuidado, el consentimiento, la diversidad y el placer impide que las personas tomen decisiones informadas (UNESCO, 2018).
Otro factor relevante es el consumo de alcohol y drogas, que puede disminuir la percepción del riesgo, dificultar el uso adecuado del condón o facilitar situaciones de abuso. También influye el acceso limitado a servicios de salud sexual amigables, gratuitos y no discriminatorios, especialmente en zonas rurales o entre poblaciones LGBTI+.
Por otro lado, los estereotipos de género y la presión social para “probar” la masculinidad o cumplir con mandatos culturales pueden empujar a las personas jóvenes a sostener relaciones sexuales sin deseo o sin protección, por miedo al rechazo o a la burla.
La necesidad de una respuesta institucional…Frente a este panorama, es indispensable que los Estados y las instituciones de salud asuman un rol activo en la promoción de la salud sexual. Esto implica:
-Garantizar educación sexual integral desde edades tempranas, con enfoque en derechos humanos, género, diversidad y prevención de ITS.
Te recomendamos: Día Mundial Sin Tabaco: Un compromiso global y nacional por la salud y el bienestar
-Asegurar el acceso gratuito y confidencial a métodos anticonceptivos, pruebas de VIH y atención médica sin discriminación.
-Desarrollar campañas informativas que logre desestigmatizar la sexualidad y promuevan el consentimiento y el placer responsable.
-Capacitar a profesionales de la salud y la educación para que puedan acompañar sin prejuicios ni moralismos.
A modo de conclusión, las prácticas sexuales no deben ser concebidas como actos meramente reproductivos o peligrosos, sino como dimensiones vitales del bienestar humano. Las conductas de riesgo no surgen por el ejercicio de la sexualidad en sí, sino por la combinación de factores estructurales, culturales e institucionales que obstaculizan el acceso a la información, la salud y la autonomía. Solo a través de una educación sexual integral, de políticas públicas inclusivas y de un acompañamiento respetuoso por parte del Estado se podrá transformar el miedo en confianza, el riesgo en cuidado y la represión en libertad.

Más historias
Psicópolis
La Política Desde la Psicología
La Política Desde la Psicología