Los activistas mexicanos que participaron en la flotilla humanitaria Global Sumud acusaron haber sido sometidos a maltratos severos, torturas, incomunicación y vejaciones durante su detención por autoridades israelíes. Entre sus testimonios destacan frases como “estuvimos en la entraña del monstruo” para describir el entorno de encarcelamiento y las condiciones extremas a las que fueron expuestos.
Al ser interceptados en aguas internacionales, los activistas fueron llevados primero al puerto de Ashdod y luego trasladados a la prisión de Ketziot, donde relataron aislamiento prolongado, negación de acceso consular, falta de atención médica y privación de comida y agua durante largos periodos.
Estos testimonios han generado una crisis diplomática: México ha exigido su liberación inmediata, la protección consular y el respeto de sus derechos humanos.
La flotilla zarpó desde Barcelona con la intención de romper el bloqueo israelí sobre Gaza mediante el envío de ayuda humanitaria. Su detención en altamar ha elevado la atención internacional sobre las denuncias de abuso y las condiciones de detención de activistas internacionales.

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