
En el marco del Año de la Mujer Indígena 2025, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo de Arte Moderno (MAM), inauguraron la intervención escultórica Las ancestras que tejen, hablan y caminan, de la artista María Sosa. La obra rinde homenaje a las mujeres que preservan la técnica milenaria del telar de cintura, símbolo de resistencia, conocimiento y conexión con la naturaleza.
La instalación forma parte del programa de intervenciones en el Jardín Escultórico del MAM y fue elaborada en colaboración con la tejedora María Hernández, maestra de Sosa. La pieza consiste en una urdimbre de hilos rojos que dialoga con el entorno natural y con las tradiciones que resguardan las tejedoras de comunidades originarias.
Previo a la inauguración se realizó el conversatorio Voces ancestrales del territorio: prácticas artísticas y curatoriales, donde Sosa compartió las motivaciones que dieron origen a la obra, mientras que la curadora Rosi Huaroco presentó el proyecto Cherpiri, centrado en repensar las prácticas artísticas y curatoriales desde las comunidades purépechas.
Durante su intervención, la artista explicó que el uso del telar es una metáfora de su trayectoria creativa: “en la que se van tejiendo acompañamientos, personas, experiencias, conocimientos y pláticas”. Señaló que, más allá del objeto final, lo esencial del proceso radica en las relaciones que el acto de tejer genera entre las personas y su entorno.


Para Sosa, la pieza constituye un homenaje a las tejedoras y tejedores que mantienen viva la técnica ancestral del telar de cintura, la cual “tiene un conocimiento artístico, cosmogónico e inexplorado que tiene mucho que ofrecernos hoy en día”. Agradeció especialmente a su maestra María Hernández por acompañarla en un proceso que describió como “largo y exigente, que requiere del cuerpo, de la atención y de la presencia”.
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La artista subrayó también la dimensión simbólica del telar, que emula poéticamente la creación cósmica mediante la figura del ollin, símbolo náhuatl del movimiento vital. En su concepción, el telar une el cuerpo de quien teje —desde el centro anímico del ombligo— con el árbol al que se amarra, generando una profunda conexión entre el ser humano, la naturaleza y los planos del cosmos.
“Lo que yo quiero hacer desde mi postura de artista contemporánea es acompañar esta lucha por la vida, por el conocimiento, por las personas que están resistiendo en esta entidad que es el telar de cintura”, expresó Sosa al invitar al público a reflexionar sobre la riqueza que encierran los saberes ancestrales.

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